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Enero del 2007


El Líder Real - No. 016 - Enero del 2007

Al celebrar el fin de un año mucha gente recurre a diferentes maneras de hacerlo, la gran mayoría en una gran fiesta donde el alcohol, el cigarrillo y la música estridente son los principales invitados, otros organizan una cena rodeados por sus familiares, también hay aquellos que usan rituales como los de las doce uvas, las monedas esparcidas en las esquinas de la casa, el salir a correr con una maleta, colocar semillas en sus bolsillos, usar prendas interiores de color amarillo o brindar con champán habiendo colocado un anillo de oro en la copa.

Casi todos al dar las doce se confunden en abrazos con sus seres queridos y se desean mutuamente un año maravilloso. La gran mayoría considera este momento como algo especial. Con la llegada del nuevo año se acrecientan ciertas esperanzas de logros o superación personal.

Para muchos, borrón y cuenta nueva. Para otros, tratar de mantener lo que se tiene. Una gran mayoría trata de iniciar el cambio que necesitan para poder vivir la vida y no simplemente sobrevivir comiendo las migajas que caen de la mesa de los que disfrutan del festín.

Por ejemplo, una de mis resoluciones es trabajar más intensamente para evitar las discusiones en el seno de mi familia. Un Líder Real no discute. Ese es el tema de este boletín.

Las Discusiones.

En toda discusión ambas partes asumen que tienen la razón. El ego, la soberbia nos hace creer que el otro esta equivocado y que sólo nosotros somos dueños de la verdad. En este mundo hay tan mala comunicación, se manejan tantas palabras cuyo significado se entiende de distinta manera, hasta los silencios se interpretan de forma errónea y sobre esa base se llega a conclusiones que muchas veces lastiman a los seres más queridos.

Al ego también le encanta el rol de víctima. Siempre es el otro el que nos ofendió, siempre es el otro el que nos gritó, siempre es el otro el que nos faltó el respeto, en consecuencia creemos que tenemos el derecho de ofender, gritar, faltar el respeto como un mecanismo de defensa.

La soberbia causada por el ego nos impide aceptar el hecho de que la otra parte podría tener la razón. En lugar de esforzarnos por comprender el punto de vista de la otra parte, buscamos en nuestro intelecto más razones que sustenten y apoyen nuestro planteamiento.

Aquel que tiene más ego, más afán de dominio, que desea ser el protagonista de cada reunión, aquel que desea tener la última palabra de cualquier debate es el que finalmente más sufre ya que no puede desapegarse de su ego. Es tan difícil desprenderse del ego, ya que este produce goce. El ego, para que el espíritu no se imponga, lo invade y le crea una especie de dependencia. Dependencia de los elogios, del reconocimiento, de los aplausos, quiere saberse necesitado.

En el caso del ego la dependencia es muy fuerte. La persona se pone un disfraz de autoridad y este disfraz de jefe es precisamente el que hace que sea muy difícil integrar el amor en sus palabras y por lo tanto muy difícil ser siempre el amo de sí mismo. Las personas se dejan llevar muy fácilmente por el rol de víctima, de susceptibilidad, de irascibilidad, etc., creyendo que son el amo cuando en realidad son esclavos de su ego.

Entonces, mucha gente se confunde, confunde el ego con su verdadero yo, con la propia persona. Es decir que no lo toman como un rol sino como que son ellos mismos. Confunden al personaje con el actor.

¿Cómo vencer al ego y evitar las discusiones? Gozando con el Servicio. Al gozar con el Servicio no se precisa ningún otro tipo de goce, porque ya se goza pensando en el otro. Uno no se pone como actor principal, ni siquiera como figura de reparto, directamente no figura. Goza dando. Gozar dando no significa que se prive de su propio goce. Un espíritu de Luz goza sirviendo.

Sabemos que toda discusión a nivel familiar trae sufrimiento, porque aun ganando la discusión se resquebraja la unidad de espíritu que debe reinar en la familia.  Tendría que ser al revés. Tendría que haber apoyo, altruismo y una gran vocación de Servicio.

El ego es el yo inferior, el susceptible, el que busca sobresalir, el que se ofende, el que duda de todo, el que quiere tener la razón "aun a costa de..."

Aquel que no ve más allá de sí mismo, aquel que no ve más allá de sus propias ideas y sentimientos, no está capacitado para dar nada a nadie, no está capacitado para entregar su amor a la familia.

Las emociones negativas como la ira, la envidia, el odio y otros tantos sentimientos equivocados, sólo hacen crecer el ego. El ego hace retroceder a alguien muy elevado espiritualmente.

Al alimentar el ego las personas se cuestionan todo. Se cuestionan por qué viven, se cuestionan por qué trabajan, por qué tienen determinada enfermedad, por qué tienen determinada familia. Todos los "por qué" vienen por el ego. Asumen que merecen algo mejor.

El ego es nuestra debilidad, el ego es el que nos hace discutir. ¿Por qué no pedimos perdón? Porque nuestro ego no lo permite. ¿Por qué no agachamos la cabeza? Porque nuestro ego no lo permite. ¿Por qué nos ofendemos? Porque nuestro ego se encuentra muy ofendido.

El Líder Real vino a servir, vino a dar, es el que vino, mediante el amor, para vencer todo el odio acumulado.

El evangelio nos pide perdonar setenta y siete veces siete a nuestro ofensor y, en el padrenuestro, Jesús nos habla del perdón de Dios con relación a nuestra capacidad de perdonar a los que nos ofenden.

Perdonar es una acción directamente emparentada con el mandato del amor. Sin embargo reconozco que perdonar de corazón no me es fácil.

Es un camino muy duro que parte desde el sentimiento de creerse ofendido hasta  la alegría de la reconciliación. Alguna vez le dije a mi esposa que mi amor por ella es más grande que mi ego. Esa es mi gran tarea para este año, reducir mi ego y aumentar el amor hacia mi esposa y mis hijos. 

Espero que estas breves líneas te den la fuerza para amarrar a nuestro ego, bajarlo de su pedestal y que tanto tu como yo podamos perdonar de corazón a todos los que nos hayan ofendido y a cuantos tengamos relegados en nuestro corazón. El Líder Real no guarda rencores.

MÁS NO ES SUFICIENTE

Había una vez un cortador de piedra que no estaba satisfecho consigo mismo y con su posición en la vida.

Un día pasó por la casa de un rico mercader. A través del portón abierto, vio muchas riquezas y visitas importantes. "¡Qué poderoso debe ser ese mercader!" pensó el cortador de piedras. Se puso muy envidioso y deseó poder ser como el mercader.

Para su sorpresa, repentinamente se transformó en mercader, disfrutando más lujos y poder que los que jamás pudo imaginar, pero era envidiado y detestado por aquellos con menor riqueza que él. Pronto un alto oficial pasó por allí, llevado en andas en un trono, acompañado por lacayos y escoltado por soldados sonando gongs. Todos, sin importar su riqueza, tenían que inclinarse ante la procesión. "¡Qué poderoso es ese oficial!" pensó.

 "¡Quisiera ser un alto oficial!"

Entonces se transformó en un alto oficial llevado a todos lados en andas en su adornado trono, temido y odiado por toda la gente de los alrededores. Era un caluroso día de verano, por lo tanto el oficial se sentía muy incómodo en el trono. Miró al sol en lo alto. El sol brillaba orgulloso en el cielo, inmutable ante su presencia. "¡Qué poderoso es el sol!" pensó. "¡Desearía ser el sol!"

Entonces se transformó en el sol, brillando con fuerza sobre todo el mundo, abrasando los campos, insultado por granjeros y trabajadores. Pero una enorme nube negra se movió entre el y la tierra, como para que su luz no pudiera brillar sobre todos ahí abajo. "¡Qué poderosa es esa nube de tormenta!" pensó. "¡Desearía ser una nube!"

Entonces se convirtió en una nube, inundando los campos y poblados, escuchando los gritos que todos le proferían. Pero pronto encontró que era alejada por alguna fuerza poderosa, y se dio cuenta que era el viento. "¡Qué poderoso que es!" pensó. "¡Desearía ser el viento!"

Entonces se convirtió en el viento, volando tejas de los techos de las casas, sacando árboles de raíz, temido y odiado por todos. Pero después de un rato arrasó contra algo que no se movía, sin importar la fuerza que hiciera al soplar. Una enorme roca. "¡Qué poderosa es esa roca!" pensó. ¡Quisiera ser una roca!"

Entonces se convirtió en una piedra, más poderosa que cualquier otra cosa en el mundo. Pero cuando estaba allí, escuchó el sonido de un martillo golpeando un cincel sobre la dura superficie, y sintió que lo estaban cambiando. "¿Qué puede ser mas poderoso que la roca?" pensó.

Miró y vio delante de sí la figura del cortador de piedra.

NO MÁS PREGUNTAS

Al encontrarse a un maestro zen en un evento social, un psiquiatra decide hacerle una pregunta que tenía en mente. "¿Exactamente cómo ayudas a la gente?" inquirió.

"La llevo adonde no puede hacer más preguntas", contestó el maestro.

AÚN VIVO

El Emperador le preguntó al maestro Gudo,"¿Qué le sucede a un hombre iluminado luego de la muerte?"

"¿Cómo he de saberlo?" respondió Gudo.

"Porque eres un maestro", respondió el emperador.

"Sí señor", dijo Gudo, "pero no uno muerto."

……………………………….

Hasta el próximo boletín

Tu amigo

Jorge Rivero Zúñiga

Conferencista Motivacional

www.estrategias.de

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Publicado por Jorge Rivero el 21 de Enero, 2007, 16:48 | Referencias (0)

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